La queja: el problema de vivir resentidos

Cuando alguien hace algo con lo que nos sentimos heridos, dañados, ofendidos, etc., es natural sentir enfado y usar la queja como defensa, pero quedarnos atascados en esa emoción nos acaba envenenando y causando aún más sufrimientoLo normal, por lo tanto,  es resolver la situación que nos ha generado el enfado.  Es por esto que no todas las personas que han pasado por el mismo tipo de adversidades dedican su pensamiento y su vida a darle vueltas a “¿cómo la gente puede ser así?”  Y,  a “¿cómo pudieron hacerme esto?”. 

Sin embargo, cuando se tiene la queja como defensa, las personas sin ser conscientes de esto, están centradas en el resentimiento por todo el daño sufrido y por todas las ofensas recibidas.  Hablan cargadas de emoción sobre lo mal que el mundo, la vida y las parejas los ha tratado.  

Para algunas personas, parece que conservar el enojo,la quem el resentimiento y la memoria vívida de las heridas, rechazos, exclusiones, etc., fueran su trofeo, con el que intentan compensar una autoestima baja.  En la medida que el mundo, la vida, el  otro “es malo”, “yo soy bueno ”.

Estas personas van conformando con las experiencias del día a día un memorial de agravios, que sacan cada vez que sucede algo nuevo:  ¿cómo pudiste hacerme esto?  Viven en un estado continuo de crispación y queja -gran irritación- y afirman que “no soportan las injusticias”.

De esta forma, parece que la solución no está en sus manos, cediéndole a los demás y a las circunstancias el control sobre su vida.  Esto deja al individuo en la indefensión más absoluta, como si no dependiera de él lo que ocurra, sino a merced de un destino que le ha dado la espalda.  Esto quizás los proteja de tomar decisiones y de la posibilidad que siempre conlleva una decisión de ser equivocada.  Mirar hacia fuera quizás proteja al individuo de mirarse para adentro.  Pero de ese modo la vida es vivida fuera de uno mismo y la persona dejar de ser protagonista de su existencia.

AMA, AMATE Y DEJATE AMAR.

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