Las emociones: nos dicen lo que de verdad importa

Las emociones tienen una buena razón de existir y no deben ser valoradas como buenas o malas.  Todo el mundo las tiene; algunas son más coherentes con lo que usted quiere ser y otras menos.  Algunas son más cómodas y otras no.  Algunas se hallan en mayor medida bajo su control y otras suceden espontáneamente.  Todos los seres humanos tienen este amplio abanico de emociones.  Todo el mundo se enfada, tiene miedo, se siente a veces avergonzado o incompetente.

 Si usted puede tolerar estos sentimientos y los pensamientos y sensaciones que los acompañan, puede empezar a observarlos con distancia y a entenderlos un poco más, y, de este modo, saber qué hacer con todo ello (Onno Van Der Hart, et al, 2014).  En caso contrario, permanecerá cautivo de sus emociones y éstas lo controlarán y lo afectarán no sólo a usted sino también a sus relaciones.

Para ello es necesario empezar por observar sus sensaciones.  Algunas sensaciones que acompañan a la emoción:  hormigueo, tensión, calor, estar destemplado, sudoroso, mareado, quemándose.

Colores como azul-hielo, rojo-cálido, amarillo solar, gris apagado, negro azabache, pueden ayudarlo a darse cuenta que está sintiendo, al igual que sensaciones como amargo, dulce, agrio, áspero, suave, fuerte, agradable.

Metáforas del tipo: “Como una tormenta”, “como un agujero negro en mi espalda”, “como un tornado”, le ayudan también a percatarse de sus sensaciones.  Al igual que los movimientos o posturas que está teniendo en un momento dado.

Otra forma es notar sus tendencias de acción, pues tenemos programado el impulso de actuar ante cualquier emoción.  La ira nos empuja a luchar.  La vergüenza, a escondernos.  El miedo nos hace huir, quedarnos quietos o, en casos extremos, atacar.  La tristeza nos obliga a llorar y a marcharnos.   Estas reacciones automáticas (condicionadas) están basadas en experiencias del pasado.  Puede haber aprendido a aislarse automáticamente cuando se siente triste porque cree que puede ser ridiculizado o herido cuando se muestra vulnerable.  Puede que se dé cuenta o no que está triste, simplemente se retira.  Y quizá pueda no darse cuenta especialmente de haberse aislado más.  Simplemente deja de estar con los demás.  Puede ser que no se percate de estar triste simplemente tiene una sensación desagradable de que algo no marcha bien.

La reflexión le ayuda a darse cuenta de que se siente triste, a reconocer la sensación física de la tristeza y a percatarse de los pensamientos que acompañan este sentimiento.  Tal vez no se de cuenta de porque está triste, pero puede aceptar que eso es lo que siente en este momento.

La comprensión empática de sí mismo y de los demás implica la capacidad de reflexionar, lo que se conoce también como pensamientos reflexivos (capacidad de considerar nuestra experiencia interna y darle un sentido). 

Un tipo específico de funcionamiento reflexivo, llamado mentalizar, es la capacidad de descubrir con precisión nuestras propias motivaciones e intenciones, así como las de los demás.

La reflexión nos ayuda a entender nuestras propias reacciones en lugar de estar simplemente en medio de ellas y, además, nos ayuda a cambiar las reacciones automáticas a respuestas escogidas.

En lugar de sentir o pensar simplemente sin toma de conciencia, se percata de lo que piensa y siente, de cómo vive esos pensamientos y sentimientos en su cuerpo, y quizá, de por qué piensa y se siente de un determinado modo.  Esto es pensamiento reflexivo.  Puede aprender a reconocer y a aceptar su forma de sentir y tener algo de empatía por sí mismo:  “Me estoy sintiendo ahora mismo muy asustado”.  Me permito hacer unas respiraciones y calmarme.  Está bien sentirme así a pesar de que sé que estoy a salvo (Onno Van Der Hart, et al, 2014).

Para ver la importancia de esto quiero contar la experiencia de un hombre que se sentía frustrado porque la mujer que amaba no se sintió nunca amada por él y lo dejó por eso y no entendía el por qué.   Sin embargo, cuando aprendió a observar sus sensaciones se dio cuenta que a veces sentía la sensación de estar aplastado, pequeño y esto era cuando sus negocios no salían bien, se dio cuenta que esa sensación era de tristeza y que su tendencia de acción era quedarse paralizado, de esta manera si había quedado de hacer algo con su pareja simplemente incumplía su compromiso sin avisar.  Ante esto su pareja reaccionaba violentamente porque se sentía abandonada por él.  Cuando ella hacía esto, el sentía calor en su cuerpo que representaba miedo a que ella lo abandonara y su impulso de acción era cambiar el foco de atención a otra cosa, su pareja sentía que lo de ella no valía la pena porque él  en vez de escucharla le cambiaba el tema.  De otro lado, se dio cuenta que cuando él se quedaba en silencio era porque estaba enojado porque ella no había satisfecho alguna necesidad de él y esto en vez de llevarlo a resolver el problema le creó una desconfianza a ella, pues creía que cuando dejaba de hablarle un día que se demoraba en hablarle, era porque estaba con otra. 

AMA, ÁMATE Y DÉJATE AMAR

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